Obituarios de científicos relacionados con la Genética


La genética de poblaciones ha perdido a uno de sus más reputados miembros, con el fallecimiento, el pasado día 4 de julio, de Richard C. Lewontin a los 92 años.

Richard C. Lewontin, a quien todos los que le conocimos llamábamos Dick, fue estudiante de doctorado de Theodosius Dobzhansky en la Universidad de Columbia donde se formó como genético de poblaciones, usando Drosophila como organismo modelo. Tras completar su doctorado fue profesor en la North Carolina State University así como en las universidades de Rochester y Chicago, trasladándose en 1973 a la Universidad de Harvard donde fue catedrático de Biología y profesor de investigación Alexander Agassiz de Zoología en el Museum of Comparative Zoology. Sus contribuciones científicas le hicieron merecedor de diversos premios como la prestigiosa medalla Thomas Hunt Morgan (2017) de la Genetics Society of America (GSA).

Dick hizo importantes contribuciones a la genética de poblaciones tanto a nivel teórico como experimental. Así, destaca el análisis poblacional considerando dos loci simultáneamente y el acuñar el término desequilibrio de ligamiento, trabajo que sentó las bases para los actuales estudios de asociación. Entre las aportaciones experimentales destaca la introducción de las técnicas de electroforesis de proteínas en los estudios genético poblacionales (1966), y años más tarde también a nivel del DNA (1983). Muchas de estas contribuciones, que posteriormente quedaron plasmadas en su libro The genetic basis of the evolutionary change (1974), tuvieron un gran impacto en el desarrollo teórico de la teoría neutralista de la evolución de Motoo Kimura (1969).

Más allá de la genética de poblaciones, Dick siempre será recordado por el artículo The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: a critique of the adaptationist programme que escribió con Stephen Jay Gould (que tenía laboratorio y oficina en el mismo edificio que Dick). En este artículo, que tuvo una enorme repercusión mediática, se criticó de forma muy severa cierto pensamiento adaptacionista que veía como resultado de la adaptación casi cualquier característica biológica, sin que se hubieran realizado rigurosos estudios para contrastar otras explicaciones.

Dick hizo otras muchas aportaciones, muchas bien conocidas, no solo en genética de poblaciones sino también en otras áreas como la filosofía de la ciencia. Nos gustaría sin embargo comentar un aspecto menos conocido de Dick, y es el hecho de que nunca firmaba como co-autor de artículos en los que no hubiera hecho una aportación muy importante. Para Dick, concebir un proyecto de investigación, conseguir financiación, ayudar a escribir un artículo, no era suficiente. Por eso quizás pueda parecer un científico no muy prolífico según algunos índices bibliométricos actuales. En este sentido se puede, no obstante, reconocer su gran legado científico en la sección de Agradecimientos de muchos de los trabajos realizados en su laboratorio.

El día 4 de enero, la comunidad genética en general, y la de genética de poblaciones y evolución, en particular, ha perdido a uno de los grandes, Jim Crow, a la edad de 95 años. El trabajo de Crow ha tenido una enorme repercusión en la formación de la mayoría de los investigadores de nuestro país en evolución y genética de poblaciones. Su famoso libro con Motoo Kimura, “An Introduction to Population Genetics Theory”, ha sido la “biblia” durante décadas para todos los que trabajamos en este campo. Pero lo más notable de Crow probablemente haya sido su enorme capacidad de síntesis y la claridad con la que exponía conceptos y datos, haciendo fácil lo difícil, lo que está al alcance de muy pocos. Una prueba es su librito “Basic Concepts in Population, Quantitative, and Evolutionary Genetics”, que es el ejemplo obvio de cómo hay que escribir un texto introductorio a temas complicados para que se puedan entender con una mínima formación genética. Otra prueba son sus influyentes y clarificadoras contribuciones, y posteriores artículos recopilatorios, sobre asuntos como la predicción del censo efectivo de población y la consanguinidad, las propiedades de las mutaciones deletéreas, y diversas aplicaciones de la genética de poblaciones en la evolución humana, todas ellas referencias clásicas en el campo. Su obra es tan amplia y de un impacto tal que no es posible intentar resumirla aquí. Diversas reseñas abordan el tema estos días y son fácilmente accesibles, desde la página WEB de la Universidad de Wisconsin-Madison, hasta el último número de Genetics.

Jim Crow visitó España como conferenciante invitado en el Seminario de Genética de Poblaciones y Evolución de Gandía en 2002, donde pudimos comprobar diversos aspectos de su personalidad que ya conocíamos por referencias. Por una parte, a sus 86 años, nos deleitó con una charla de las que no se olvidan sobre la diferente tasa de mutación puntual en la línea gamética de hombres y mujeres, un tema actual relacionado con su trabajo reciente. Y acto seguido, tomando una copa, nos obsequió con una buena sesión de trabajo que fue el germen de una colaboración posterior con algunos de nosotros. Evidentemente, para desarrollar esta actividad no basta con una mente brillante, una buena forma física y mucha capacidad de trabajo. El motor fundamental, teniendo en cuenta su carencia absoluta de vanidad, tenía que ser el auténtico deseo de comprender que caracteriza a un científico. Además, Jim Crow era una persona modesta, afable y paciente. Su actitud generosa, en particular con respecto al trabajo y el mérito científico del prójimo, fue siempre ejemplar. Se mostraba accesible a cualquier consulta, manteniendo una correspondencia activa hasta hace solo unos meses, siempre cordial y salpicada de comentarios sobre aspectos humanos y sus experiencias musicales. Porque Jim Crow era además un hombre verdaderamente culto y un gran aficionado a la música. Tocó la viola en la Madison Symphony Orchestra entre 1949 y 1994 y continúo tocándola luego en grupos de cámara hasta mucho después, sin desdeñar incluso acompañar a los estudiantes del conservatorio.

Con la muerte de Crow, perdemos una de las mentes más brillantes en la comprensión de los mecanismos genéticos de las poblaciones y un hombre y un científico ejemplares. Es sin duda virtud suya que quienes tuvimos la oportunidad de tratarle personalmente, aunque fuese durante un tiempo breve, tengamos además la sensación de haber perdido a un amigo.

Aurora García-Dorado, Universidad Complutense de Madrid
Armando Caballero, Universidad de Vigo

El pasado 12 de abril fallecía José Luis Ménsua Fernández, Catedrático de Genética de la Universitat de València.

José Luis Ménsua realizó su tesis doctoral en la Universidad de Barcelona bajo la dirección del Dr. Prevosti, sobre el estudio de la selección de un carácter cuantitativo en el organismo modelo Drosophila melanogaster. En 1971 se incorporó como Agregado de Genética a la Universitat Autònoma de Barcelona, coincidiendo con la implantación de la licenciatura de Biología en dicha Facultad, e inició una línea de investigación centrada en la selección artificial y la eficacia biológica utilizando Drosophila. En 1976 se trasladó a la Universitat de València, ya como Catedrático de Genética. Hacía poco que se había creado la Facultad de Biología, por la fragmentación de lo que antaño fuera la Facultad de Ciencias, y las condiciones del inicio del Departamento de Genética fueron sumamente precarias, dos despachos en un barracón prefabricado y tres Profesores Ayudantes recientemente contratados. Inmediatamente se encargó de coordinar la docencia de la Genética y, junto con Rosa de Frutos, planteó distintos temas de Tesis para los profesores ayudantes y los primeros discípulos que surgieron de los Biólogos y Bioquímicos de la Universitat de València. Se originó así una verdadera “F1” formada por los profesores veteranos del Departamento de Genética, algunos de los cuales ya han empezado a jubilarse.

A pesar de los difíciles comienzos, José Luis Ménsua logró formar un Departamento caracterizado por su gran compromiso con la investigación, docencia y gestión universitaria, que goza de reconocimiento entre sus pares, y de prestigio dentro de la Facultat de Ciències Biològiques. Todo esto es algo que le debemos a él.

Es de admirar y agradecer su personalidad y generosidad para con sus colaboradores. Nunca puso traba alguna a la libertad de investigación, pues después de haber encaminado a sus discípulos, les dejaba plena libertad para que investigaran en lo que se sentían más capacitados y creativos. Así es como surgieron los distintos grupos y líneas de investigación, algunos de los cuales aún perduran en la actualidad.

En cuanto a su capacidad de dirección y gestión, es de destacar que, además de haber sido el director del Departamento de Genética durante muchos años, José Luis Ménsua fue el primer Decano de la Facultat de Ciències Biològiques. También formó parte de la Junta Directiva de la SEG, organizó uno de los primeros seminarios de Genética de Poblaciones (Peñíscola, 1982) y, en 1997, el Primer Congreso de la Sociedad Española de Genética (anteriormente denominado Jornadas Luso-Españolas de Genética).

José Luis Ménsua también ha contribuido a la docencia traduciendo al castellano varios libros de Genética y un libro de Ciencias Naturales para la enseñanza de bachillerato. Poco antes de su jubilación, se tomó un año sabático que dedicó, principalmente, a escribir un libro de Problemas de Genética

Durante toda su vida en el Departamento de Genética de Valencia y también después de su jubilación, José Luis siempre se dedicó a apoyar y a asesorar a todos quienes se lo pedían, tanto en cuestiones académicas, como de gestión e incluso personales. Por eso, en estos tristes momentos todos sus compañeros del departamento sentimos que no solo hemos perdido a nuestro maestro sino también a un muy buen amigo.

Departament de Genètica, Facultat de Ciències Biològiques

Belga de nacimiento (nacido en el Congo) y belga y francés de nacionalidad, el Dr. Pierre Thuriaux (1944-2012), un referente mundial en el campo de la Genética de la Transcripción nos ha dejado a la edad de 68 años.

Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Bruselas (Bélgica) se formó en importantes laboratorios europeos de Alemania (Friburgo), Suiza (Berna) y Escocia (Edimburgo; donde formó parte del grupo de investigación del Premio Nobel en Medicina en 2001, Dr Paul Nurse), antes de trabajar como profesor en la Universidad Paris XI y acabar como Director de Investigación en el Servicio de Bioquímica y Genética Molecular del CEA-Saclay en Francia.

Sus trabajos en Genética, con la levadura Saccharomyces cerevisiae como organismo modelo, esclarecen los mecanismos moleculares responsables del paso del ADN al ARN (Transcripción), la primera etapa de la expresión del material genético en las células

Pierre Thuriaux es autor de más de 100 publicaciones científicas de gran prestigio, Premio Inserm de la Academia de Ciencias Francesas, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Debrecen (Hungría), Miembro de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO), Miembro de la Sociedad Francesa de Genética, Miembro del Comité Biotecnológico de la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria y Sanitaria (AFSSA) y editor de revistas científicas.

En su grupo de investigación se han formado importantes investigadores repartidos por múltiples países. Creó escuela en el campo de la Genética y la Bioquímica de la Transcripción y un ejemplo de esta investigación se encuentra en Eapana, en la Universidad de Jaén donde el Dr. Thuriaux ha mantenido un contacto tanto profesional como personal, participando además en tribunales de tesis o cursos de Formación.

Pero además de su calidad científica, su calidad humana ha dejado huella sin duda. Persona comprometida y fiel a sus ideales luchó siempre por los demás y con los demás. Jubilado hace varios años, se dedicó a varias de sus grandes pasiones: la divulgación científica, la música y la pintura.

Pierre Thuriaux era ante todo un sabio, un erudito y una de esas pocas personas que raramente aparecen entre nosotros.

Pero una vez más la paradoja de la vida muestra su lado más amargo. Su lucha por entender y dar soluciones al funcionamiento de las células no pudo parar el “antojo injusto” de estas por funcionar de manera anómala.

Descansa en paz allí donde solo los GRANDES están.

Dr. Francisco Navarro Gómez
Profesor de Genética
Dept. Biología Experimental/Genética (ED.B3) Universidad de Jaén Paraje las Lagunillas
23071 Jaén
Spain

El pasado día 17 de diciembre falleció el Profesor William G. (Bill) Hill a los 81 años. Como dijo Bruce Walsh en la charla inaugural de la cuarta Conferencia de Genética Cuantitativa que tuvo lugar en Edimburgo en 2012, Bill Hill era, indiscutiblemente, el mejor genetista cuantitativo del momento en todo el mundo. Afirmación compartida por la generalidad de los especialistas en la materia, como había ocurrido previamente con su director de tesis Alan Robertson.

Bill destacó en numerosos campos, empezando por la genetica cuantitativa aplicada a la mejora animal y extendiéndose luego a la genética de poblaciones y evolutiva. Sus estudios sobre la selección artificial en poblaciones finitas y el efecto del ligamiento en el devenir de las variantes genéticas por selección, desarrollados con Alan Robertson (el famoso efecto Hill- Robertson) supusieron un hito de gran relevancia, por ejemplo en la interpretación y aplicación de los análisis genómicos actuales. Otra de sus importantes contribuciones fue la ampliación de la teoría de límites a la selección artificial, desarrollada por Alan Robertson en 1960 y centrada en el sino de las variantes genéticas presentes en la población base, incorporando la contribución de nuevas mutaciones surgidas durante el proceso selectivo, cuya comprobación experimental fue el tema de la tesis doctoral de uno de los autores de esta reseña, dirigida por el otro cuya tesis fue, a su vez, dirigida por Bill. Sus numerosas aportaciones al estudio de las causas del mantenimiento de la variabilidad genética alcanzaron una dimensión extraordinaria en la comprensión de la evolución de la diversidad biológica. Pero Bill también realizó muchas más contribuciones a la genética cuantitativa y de poblaciones como, por ejemplo, las relativas a la predicción del censo efectivo de población, la varianza generada por mutación, la variación en las relaciones de parentesco entre individuos, la heterogeneidad de la varianza ambiental, la estimación de la heredabilidad y la correlación genética y diversas aplicaciones de la genética cuantitativa al análisis de datos genómicos.

Fellow of the Royal Society desde 1985, Bill fue capaz de aglutinar en el Institute of Evolutionary Biology de la Universidad de Edimburgo a otras grandes figuras de la genética evolutiva como Nick Barton y Brian y Deborah Charlesworth. La Universidad de Edimburgo se convirtió, ya con Alan Robertson, pero muy fortalecida por Bill Hill, en el epicentro de la Genética Cuantitativa mundial, caracterizado por el trasiego de personajes y las discusiones científicas consiguientes. Los que tuvimos la suerte de trabajar bajo la dirección de Bill durante varios años en distintas épocas pudimos constatar y disfrutar del continuo trato con ilustres visitantes al centro como, en la década de los 90, Mark Kirkpatrick, Michael Turelli, Russ Lande, Joe Felsenstein, Monty Slatkin, Bruce Weir, Daniel Gianola, Ruth y Frank Shaw, Tom Meagher, entre otros muchos, así como los anteriores estudiantes de Alan o Bill, como Leo Demplfe, Asko Maki-Tanila, Daniel Sorensen, Frank Nicholas y Trudy Mackay.

En repetidas ocasiones. Bill y su esposa Rosemary ofrecían una cariñosa acogida a los visitantes con una cena o comida de bienvenida en su casa de Gordon Street. Bill era una persona muy afable, siempre dando muy buen trato a sus estudiantes, colaboradores y visitantes, y era un verdadero placer trabajar con él. Su capacidad de trabajo era inigualable e inagotable, combinando su propia labor de investigación con la atención a numerosos estudiantes pre y postdoctorales (del orden de un centenar durante su larga carrera), la colaboración con colegas del Roslin Institute, el Scottish Agricultural College, y otros centros, su función de gestor como director de departamento primero, y como decano de la facultad de Ciencia e Ingeniería después, y sus asesorías científicas para empresas de mejora animal. Siempre que le entregabas algún escrito o resultado te lo devolvía sin falta al día siguiente con correcciones y comentarios porque, cómo él decía, nunca debía demorar el trabajo de sus colaboradores. La capacidad de Bill era ilimitada, siendo capaz de hacer una deducción matemática en unos segundos en un trozo de papel en medio del pasillo. Incluso después de una cena, como ocurrió en la casa de Madrid de uno de los autores de esta reseña donde, prescindiendo del resto de los comensales, le explicó con fórmulas y todo, la teoría que estaba desarrollando en el momento.

Bill promovía un ambiente intelectual exquisito y continuado. Los famosos cafés de media mañana, donde se coció buena parte del desarrollo de la genética cuantitativa, inicialmente en el despacho de Alan Robertson en el Instituto de Genética Animal, con la presencia de Douglas Falconer, Crad Roberts y Eric Reeve, entre otros, pasaron posteriormente a celebrarse en los nuevos edificios de King´s Buildings con la participación adicional de otros grandes científicos, creando un ambiente de conocimiento sin parangón en el campo de la genética de poblaciones. Bill fue para nosotros y para muchos estudiantes y colaboradores, el modelo del científico a imitar. Descanse en paz.

Armando Caballero y Carlos López-Fanjul

Josep (Pep(e)) Casadesús

Una invitación a oír la última palabra: muere a los 70 años Josep (Pep(e)) Casadesús, profesor y microbiólogo vitalista.

Josep Casadesús fue catedrático de Genética en la Universidad de Sevilla, y dedicó su vida a Salmonella enterica como organismo modelo de patogénesis bacteriana y genética microbiana. Nada es pequeño en microbiología, porque los microbios, incluso un solo microbio, ofrece la imagen mas completa posible de toda la Naturaleza, de toda la Vida. Por eso los que aman un microbio aman toda la vida; por eso nuestro amigo -seguirá por siempre siendo nuestro amigoes un microbiólogo vitalista. Siempre incluía al final de sus mensajes -siempre tan cariñosouna frase, en francés, de Louis Pasteur que sin duda define su pasión: “Messieurs, ce sont les microbes qui auront le dernier mot”; “le dernier mot”, la última palabra, que él nos invita a oír atentamente, porque esa palabra contiene la Vida. 

 

Josep Casadesús, que firmaba “Pep(e)” para consagrar la unión de sus patrias, nació en Casserres, un pequeño pueblo de la comarca del Berguedà, Cataluña, España. Obtuvo su Ph.D. trabajando con Rhizobium en la Estación Experimental del Zaidín, CSIC (Granada, España) bajo la supervisión de José Olivares. Como postdoctorado, Casadesús recibió formación en biología molecular en la Universidad de Sussex (Falmer, Inglaterra) trabajando con Ray Dixon, y en genética bacteriana en la Universidad de Utah (Salt Lake City, EE. UU.) trabajando con John Roth. Ha sido profesor invitado en el Biozentrum, Universität Basel (Suiza) y en la Università degli Studi di Sassari (Cerdeña, Italia). En 1995 impulsó la creación del Grupo de Microbiología Molecular de la Sociedad Española de Microbiología, del que fue Presidente hasta el año 2000, y Vicepresidente de la Sociedad Española de Genética (1995-1999). De 2005 a 2010, Casadesús fue Embajador de la Sociedad Americana de Microbiología (ASM) en Europa Occidental. A lo largo de los años, ha sido un activo editor y traductor de libros. El legado filosófico de Max Delbrück “¿Mente a partir de la materia?” es su traducción favorita al español. Como Editor de libros, recordamos el significativamente titulado “Descifrar la Vida” (1994), junto con Ruiz Berraquero, y su tarea editorial más reciente, “Epigenetics of Infectious Diseases” (2017), coeditado con Walter Doerfler. Fue Editor de Plasmids, International Microbiology y PLoS Genetics. En 2019 fue elegido miembro de la Academia Europea de Microbiología. 

 

En estos últimos años, las investigaciones de Pep(e) se centraron en las ADN metiltransferasas. Dio un paso más en la comprensión de la información genética, estudiando como esa información fluye también entre los genes (control transcripcional, epigenética) a través de los procesos de modificación del ADN. Hay que resaltar que cuando comenzó a trabajar en esta línea el campo era muy reducido y los pocos laboratorios interesados en la epigenética bacteriana formaron un pequeño club. En los últimos seis o siete años, se sentía enormemente complacido al ver un crecimiento espectacular del campo y un número cada vez mayor de artículos inspiradores sobre epigenomas de ADN bacteriano. Fue consciente (y feliz) al constatar hasta qué punto había contribuido personalmente a abrir un fértil campo de investigación sobre la Vida. 

 

Así era Pepe, disfrutaba genuinamente del avance común de la Ciencia en el sentido más puro. En su opinión (y en la nuestra), hay muchos desarrollos emocionantes en marcha en microbiología. Estaba especialmente atento a la posibilidad de explorar si existían patrones ordenados en la reducción genómica, cómo se explicaban las interacciones microbianas en los microbiomas, la terapia con fagos, la genómica de células individuales y la modificación epigenética del genoma eucariótico impulsada por las interacciones huésped-patógeno. Hubiese querido progresar mas en la modelización matemática de procesos complejos; crucial para comprender lo que está sucediendo y sobre todo por dónde hay que explorar. Ser consciente de lo que se debería hacer es una condición del buen científico, como lo era Pep(e). 

 

Pep(e) era un enamorado de la Microbiología, y sabía transmitir a sus alumnos la pasión por el conocimiento y la ciencia. La Ciencia desde nuestro. Pepe tuvo una trayectoria internacional amplísima, y pudo haberse establecido en cualquier país del mundo. Sin embargo, eligió Sevilla, interrumpido por los veranos en Santa Pola, para inculcar en los jóvenes no solo el amor, sino también el respeto, por la ciencia y la experimentación estricta y precisa. No le gustaban los grandes titulares ni las revistas que seguían las modas científicas. Prefería las revistas de siempre. Y comer. No concebía una reunión científica, una Tesis o una visita sin disfrutar de los manjares locales, el vino perfectamente maridado, y una larga sobremesa en la que podía hablar de ciencia, literatura, arte (como el Retablo de Pedro de Campaña en la Catedral de Santa Ana de Triana) o filosofía. Pep(e) abrazó la vida con entusiasmo, y cuidó a sus amigos y colegas. Consecuencia de ello, el inmenso pesar de su marcha prematura, rápida, sin molestar, muy a lo Pep(e). 

 

Nunca eludió hablar de la muerte, que siempre le pareció formar parte de la vida con naturalidad. Cuando murió su padre, en 2007, su homenaje particular fue escuchar el Requiem de Johannes Brahms, en una versión que había comprado con antelación viendo que el momento se acercaba. Aparte de que siempre fue brahmsiano, el hecho de que Brahms compusiera el Requiem cuando murió su madre lo hacía especialmente apropiado. Además, como decía, Brahms es luteranamente austero y sereno, especialmente en su segundo movimiento, que siempre fue su preferido. 

 

Denn alles Fleisch (Entonces toda la carne), es ist wie Gras (es como la hierba), und alle Herrlichkeit des Menschen (y toda la grandeza del hombre) wie des Grases Blumen (es como la flor de los prados); Das Gras ist verdorret (la hierba está seca), und die Blume abgefallen (y la flor está marchita). 

 

Pero como la hierba y las flores, la memoria de Pep(e) Casadesús volverá a crecer por siempre. 

 

Celebremos haber podido comer con él en los verdes campos nutridos por los microbios eternos. Gracias por haber vivido, querido Pep(e), gracias, amigo. Bruno González Zorn, Universidad Complutense de Madrid Fernando Baquero, Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria

 

Bruno González Zorn, Universidad Complutense de Madrid Fernando Baquero, Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria